La polémica de Inma Cuesta: pésima gestión de la comunicación y falta de ética

“Verte y no reconocerte”, así comenzaba el discurso de la conocida actriz española Inma Cuesta, hace 3 días denunciaba en su perfil de Instagram la falta de ética y moral de los retoques realizados en la portada del ‘Dominical’ de EL PERIÓDICO. La noticia ha corrido como la pólvora por la indignación generalizada ante la falta de naturalidad, no sólo en esta ocasión, sino por la creencia por parte de agencias, medios y famosos de que es lo normal. Inma no es la primera actriz que denuncia esta practica tan extendida, Keira Knightley, Cindy Crawford, Cate Blanchett, Penélope Cruz o Natalia de Molina; ya se habían posicionado  en contra de los abusivos retoques realizados con el Photoshop antes que Inma.

Sin duda alguna los medios y agencias de comunicación  los que tenemos una fuerte influencia en el estereotipo de belleza, por lo tanto los que más responsabilidad tenemos que tener a la hora de decidir sobre la naturalidad de la belleza.

Pero dejando de lado toda el revuelo causado sobre los cánones de belleza, que ya se ha escrito largo y tendido, vamos a centrarnos en la mala gestión de la comunicación por parte del fotógrafo, agencia de comunicación y periódico. Las declaraciones de la actriz no señalaban con el dedo a nadie, pero por lo visto todos se han dado por aludidos y han salido corriendo a declarar en contra del otro. Al final da la impresión de que las fotografías se han retocado solas ya que nadie ha asumido su responsabilidad.

Vicente Merino, fotógrafo freelance:  “No he hecho más que seguir las consignas de la agencia de comunicación”.

Daniel González, estilista de la sesión ha confirmado la versión del fotógrafo desvelando los comentarios de la agencia durante las fotografías: “imperfecciones de la piel, el vello de los brazos y la posición de la cadera”.

Desde el periódico también han señalado a la agencia como la culpable “en la redacción de ‘Dominical’ en ningún momento se vieron las fotografías originales, porque se recibieron, vía Wetransfer, las fotos ya modificadas por parte del mismo autor de las imágenes”. 

Y la agencia que tampoco ha aceptado que le echen la culpa, ni mucho menos, ha contraatacado diciendo que  en ningún momento esas fotos llegaron al entorno cercano de la actriz  y que sus directrices habían sido interpretadas libremente: “eliminar el vello de los brazos” se había convertido en “reducir el brazo a la mitad” y “corregir las imperfecciones de la piel” en “una piel de figura de cera que es lo que se lleva”.

Como conclusión final nadie tiene la culpa, pero todos la tienen. Desde luego la agencia por mandar retocar la foto en mayor o menor medida, el fotógrafo por realizar los retoques y la revista por aceptar su publicación siendo más que evidente el cambio de Inma Cuesta. Pero el problema no reside en que acepten su culpa, sino en que a ninguno de ellos le llamó la atención o se replanteo sobre la moralidad de cambiar tanto a la actriz, para la industria es su día a día y quitarle un par de quilos es lo que vende.


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